Una construcción llamada Inglés

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Creado: Jueves, 01 Agosto 2019 13:21
Última actualización: Jueves, 01 Agosto 2019 13:31
Escrito por Lisandra Morales Cruz
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En 2015 la noticia pudo ser un cubo de agua fría sobre la cabeza de muchos avileños; qué digo avileños, cubanos. “El Inglés desaparecerá como asignatura obligatoria de la malla curricular y del horario de las universidades”, declaró por aquel año Rodolfo Alarcón, ministro de Educación Superior en ese entonces, y unos cuantos respiraron aliviados.

Mas siempre hay un pero, y esta vez sería la principal condición lo que preocupó: “Dominar el idioma Inglés será, en un futuro próximo, requisito indispensable para graduarse de las universidades cubanas”.

El diario digital Cubadebate expuso, el 7 de septiembre de ese año, la verdad más grande que sobre el tema se pudo decir; no obstante, no era secreto para nadie. Porque no había que chocar con los alumnos de las universidades, si se trata de entender que los problemas en el aprendizaje de esta lengua vienen de la base, y dichos cimientos deben formarse desde las primeras edades para luego fraguar en los centros de altos estudios.

Sin embargo, hasta hace tres años esta filosofía de ir de menos a más fue incomprendida por muchos, sobre todo por aquellos que iniciaron la enseñanza universitaria en pleno proceso de perfeccionamiento docente, sustentado por el Plan E, donde se incluyen la reducción de varias carreras a un período de cuatro años y la certificación del nivel A2 de Inglés que establece el Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación, por parte de los estudiantes.

Precisamente, Ernesto Fernández ingresaba a la Universidad de Ciego de Ávila (UNICA) Máximo Gómez Báez, para estudiar la Licenciatura en Turismo, en el año en que comenzaban a percibirse los cambios. El idioma Inglés siempre le llamó la atención, pero sus conocimientos los adquirió de manera empírica, porque lo aprendido en los niveles educativos anteriores no fue suficiente.

El caso de Ernesto encuentra réplicas en otras personas sobre cuyas insatisfacciones inciden múltiples factores, por ejemplo, el déficit de maestros de la asignatura en las aulas.

Hasta la fecha, solo el nivel educacional primario carece de 72 maestros, mientras el secundario necesita de 10 y el preuniversitario, ocho. Virginia del Carmen Olivera Aldana, metodóloga provincial de Inglés en los tres niveles educativos, sabe que en el polo turístico Jardines del Rey existen ofertas tentadoras de trabajo destinadas a quienes dominan el idioma dentro del sector, aunque también es consciente de que este no es el único motivo para que se afecte la presencia de los teachers en las aulas.

“Los futuros licenciados que se preparan en las carreras pedagógicas y los maestros en formación de la escuela Raúl Corrales Fornos, no son suficientes para cubrir las plazas vacías”, afirma Olivera Aldana. Se muestra satisfecha con que el proceso de perfeccionamiento contemple la enseñanza de la lengua desde la primera infancia y con la rigurosidad del sistema evaluativo en los posteriores niveles. Pero, ¿cómo garantizar el correcto aprendizaje, si en la base no se cuenta con la totalidad del personal que responde por ello?

EL INGLÉS TIENE OTRAS CARAS

inter alumnos

El actual Plan de estudio (el D) comprende la impartición del Inglés a partir del quinto y sexto años de vida y, para Virginia, que el perfeccionamiento incluya a los niños en preparación en las Vías No Formales es un gran paso de avance.

“En esta etapa las clases son muy elementales, logrando motivar a los pequeños a nombrar los colores y algunas letras del abecedario como antecedente de lo que vendrá luego en la Primaria, cuando sean capaces de reconocer a cada uno de los miembros de la familia, comprender y redactar textos sencillos en los que describan y expongan ideas”, dice la metodóloga.

“Durante la secundaria básica se tornan mayores las exigencias, aunque el nivel a alcanzar para ambos es el A1; luego, en el preuniversitario, los alumnos deberán reproducir, narrar, explicar además de comprender los textos y establecer conversaciones de manera fluida, lo cual se corresponde con los requisitos para obtener el nivel A2”, concluye.

No obstante, es cierto que hasta ahora muchos de los que han logrado tal cometido no se conforman con las clases en sus centros y acuden a horas extras de estudio bajo la guía de profesores particulares, o matriculan en las escuelas de idiomas de la provincia, donde también subyacen otras dificultades.

A la Jorge Dimitrov, de la ciudad de Ciego de Ávila, por ejemplo, llegan cada semestre muchos estudiantes, pero solo cuando finaliza el período los maestros saben quiénes tienen verdadero interés por aprender, cuando las matrículas de los grupos se reducen a más de la mitad.

Eso lo ha comprobado Francisco Díaz Aspiolea, jefe del Departamento de Lengua Inglesa y profesor en dicha institución, quien afirma haber graduado solo dos grupos de cuarto nivel en sus años como trabajador del centro.

Aparejado a ello, considera que la cantidad de contenidos a impartir es muy densa para solo cinco meses (duración de cada semestre), el programa actual no cuenta con las grabaciones de apoyo con vistas a facilitar el desarrollo de la habilidad auditiva, carece de autenticidad lingüística y cultural, y se aprecian considerables errores en los libros de texto.

“Existe un desfase entre quienes conciben el calendario y los que realizan el programa. Se acelera el ritmo de las clases y no todos los estudiantes poseen la misma capacidad de comprensión y aprehensión. Por otra parte, nuestra escuela tiene una debilidad en particular y es la imposibilidad de conformar un claustro de profesores que imparta otro idioma, algo que solicitan muchas de las personas que llegan hasta aquí.”

Ernesto, el estudiante de Licenciatura en Turismo, es uno de los alumnos de la Jorge Dimitrov que matriculó en ella con el propósito de reafirmar lo que ya sabía y prepararse para obtener el A2 que le exige la UNICA. No obstante, su carrera requiere de tiempo para la realización de sus prácticas preprofesionales y se le dificulta asistir a clases.

“No cumple objetivo que los estudiantes universitarios matriculen aquí”, dice Odelaisy Ramos Argilagos, profesora de la escuela de idiomas. “Creo que están en desventaja respecto a los que trabajan, pues el tiempo que deben destinar al estudio de la lengua lo emplean en sus carreras, algo lógico, y cuando deben asistir a las prácticas laborales pierden mucho contenido.”

Aunque si algo le quedó claro a Ernesto cuando comenzó la universidad era que no le entregarían su título de licenciado sin antes demostrar sus conocimientos de Inglés, y, a pesar de que aún no termina la carrera, ya fue certificado con el A2.

“APUNTALAR” LA ENSEÑANZA

Desde que Jorge Luis Mejías Ruiz es el director del Centro de Idioma de la UNICA, hay una pregunta rondando su cabeza: “¿Cómo les hago entender a los estudiantes que saber Inglés es importante?”

Dice que lo primero que les enseña es que todo profesional cubano debe dominarlo, al menos si desea establecer una conversación sencilla con otros, porque en el mundo actual no se concibe un egresado universitario sin tal preparación.

“Entonces uno ve cómo las expectativas aumentan y con ello la competencia por demostrar lo que saben”, dice.

“Ya matriculados en nuestro Centro, el primer paso es el examen de colocación para saber en qué nivel están, luego comienzan las clases, a las que asisten los estudiantes de las carreras en perfeccionamiento, con un requisito del 30 por ciento de asistencia que define la permanencia en la matrícula, porque si incumplen la cifra pierden ese derecho, no así a presentarse a la certificación.

“También tenemos problemas con el personal docente. Nuestra mayor fuerza se nutre de alumnos Asesores Técnico-Docentes (ATD), quienes apoyan con materiales didácticos e incitan a la autogestión de contenidos.”

Mejías Ruiz aclara que a las pruebas de certificación, realizadas en los meses de diciembre y junio de cada curso, pueden presentarse los estudiantes cuantas veces sea necesario, hasta el tercer año de la carrera; de no lograrlo, la culminación de sus estudios universitarios se verá tronchada.

Aun así, en el tercer año del experimento se logró certificar a 118, incluidos aquellos que no se matricularon en el Centro, para integrar la primera graduación de este, algo que el ATD Marcos Carlos Carvajal valora de positivo, ya que todos los egresados culminaron con un dominio básico de la lengua extranjera.

Mientras tanto, en las tres carreras de perfil pedagógico que se estudian en la sede Manuel Ascunce Domenech de la UNICA, los escolares se gradúan con el nivel C2, permitiéndoles dialogar como nativos británicos, lo que es posible gracias a elementos integrados, como los laboratorios para la interacción con el software Newclass y el desarrollo de la escucha, el habla, la lectura y la escritura, supervisado por Yudiel Olivera Rodríguez, jefe del Departamento de Lenguas Extranjeras.

Las cuentas lo indican. Es en las instituciones de la Educación Superior donde parece existir mayor equilibrio, debido a que gran parte de la responsabilidad recae en los pupilos.

En las enseñanzas precedentes, las escuelas carecen de laboratorios donde llevar a la práctica una lengua que pareciera, por sí sola, no llegar ni con las teleclases ni con el profesor de cuerpo presente; por tanto, es este uno de los “baches” más grandes de la materia, con una posible solución si se apuntala bien la base, esa donde comienza a gestarse el futuro profesional.

Cuando se comience a preparar el curso escolar 2020-2021 y se evalúe la posibilidad de perfeccionar todo nuestro sistema educacional, la historia deberá ser otra, hecha de hormigón armado para prevenir desastres; por el momento esta “to be continued”.

Tomado del Periódico Invasor: http://www.invasor.cu/es/secciones/sociedad/una-construccion-llamada-ingles