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Fidel en Ciego de Ávila

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5 de enero de 1959 1

Los avileños llevan imborrables huellas en sus memorias, al recordar la vida gloriosa del Comandante en Jefe en su paso por nuestra provincia.

Contamos con el enorme privilegio de su presencia, a través de las visitas a centrales azucareros, hospitales, escuelas.… siempre con la conversación franca, afable y amena con médicos, maestros, artistas, deportistas, instructores de arte, trabajadores sociales, constructores, al interactuar con el pueblo en momentos difíciles durante el paso de huracanes o  accidentes, en los momentos gloriosos tras el cumplimiento de tareas con sus alocuciones coherentes y comprometidas con los ideales de sus compatriotas.

La historia recoge 36 visitas, desde el 5 de enero de 1959, con el cruce de la caravana de la libertad y el 26 de julio del 2002 el último encuentro en el suelo avileño, con motivo del Aniversario 49 de los Asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

26 de julio 2002

 

Pretender medir la dimensión de Fidel es imposible, pues como expresó el Che:

…¨ Fidel tiene como nadie la cualidad de tener todas las autoridades morales posibles para pedir cualquier sacrificio…¨

Por eso el eterno tributo a Fidel. De ahí el compromiso ineludible de honrarlo en nuestras luchas por sus ideales de justicia porque:

…¨El futuro de nuestra Patria será un eterno Baraguá…¨

5 DE ENERO DE 1959: CUBA 108

Por Ángel Cabrera Sánchez. Historiador de la Ciudad de Ciego de Ávila. (Tomado de Invasor)

Fotos: Alejandro García (Invasor) y Cirilo Ruiz

Cuba 108 permanecio fidel

En la tarde noche del 5 de enero de 1959 arribó Fidel a la ciudad de Ciego de Ávila. A la espera de sus órdenes permanecía la Caravana de la Libertad, con la que, luego de permanecer varias horas en esta casa, continuó la marcha hacia La Habana

El pueblo compartía desde el amanecer, con los Barbudos de la Sierra Maestra, pero cuestiones trascendentales para el curso inmediato de la Revolución requirieron que el máximo líder permaneciera gran parte de aquel 5 de enero en la ciudad de Camagüey. Por ello no había podido entrar al frente de la Caravana de la Libertad a la actual capital provincial de Ciego de Ávila.

En la urbe agramontina sostuvo dos encuentros, uno con Manuel Urrutia, presidente del recién establecido Gobierno Revolucionario, y el otro con el Che. Los dos llegaron ese día por vía aérea; el primero, procedente de Santiago de Cuba, y el segundo, de La Habana.

Con Urrutia se entrevistó en el avión en que este arribó, tras lo cual el presidente designó a José Miró Cardona como primer ministro; y a Armando Hart, Luis Orlando Rodríguez, Manuel Ray y Humberto Sorí Marín, al frente de los ministerios de Educación, Gobernación (hoy Ministerio del Interior), Obras Públicas y Agricultura, respectivamente.

Sobre las razones del viaje del Che, Luis M. Buch, entonces secretario del Consejo de Ministros, escribiría en su libro Gobierno Revolucionario Cubano. Primeros pasos, que fue para “comunicar a Fidel el cumplimiento de su misión, recibir instrucciones e informar sobre la situación creada en La Habana, donde el Directorio Revolucionario 13 de Marzo había tomado el Palacio Presidencial, el Capitolio Nacional, la Universidad y la base aérea de San Antonio de los Baños".

Mientras, la localidad de Ciego de Ávila era un hervidero. Miles de personas, de todas las edades, acudían a la Carretera Central, desde la entrada de Camagüey hasta la salida hacia La Habana; y a calles y solares cercanos para apreciar los diversos vehículos y equipos militares de la Caravana, allí estacionados —a la espera de las órdenes de Fidel—, abrazar a los valientes Barbudos, retratarse con ellos, llevarles alimentos, pedirles balas como recuerdo e invitarlos a sus casas.

El itinerario que siguió el máximo líder de la Revolución en la ciudad de los hermanos Gómez Cardoso comprendió la Carretera Central, calles Martí y Cuba, hasta la casa número 108 (Este), en la que permaneció varias horas. De ese lugar, por Cuba hasta la calle Narciso López y de esta a la Carretera Central, rumbo a Sancti Spíritus.

Durante el trayecto hizo breves paradas, entre ellas en explanadas existentes en la loma del aeropuerto (frente a la actual Unidad Militar) y delante del hoy bar-cafetería Bahía, interesándose por el estado técnico de vehículos de la Caravana y la situación de sus integrantes.

Caravana rebelde Ciego de Ávila 1959

A Cuba 108 (Este), entre Martí y Narciso López, el máximo líder de la Revolución llegó en un automóvil marca Chevrolet, de 1957, color rojo, manejado por Alberto Vázquez, quien afirmó al que suscribe —en entrevista del 20 de diciembre de 2017— que Fidel y Celia venían en el asiento delantero, él a la ventanilla y en la parte trasera Augusto Martínez Sánchez, Calixto García y José Quevedo.

La casa, un hermoso chalet, era propiedad de María Luisa Domínguez (viuda de un colono), quien los atendió personalmente. El lugar era de la plena confianza de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio y de la Resistencia Cívica. Allí había permanecido varios días, a finales de la dictadura batistiana, la destacada combatiente Pastorita Núñez —según se lo confirmó al autor hace casi 30 años—, cuando enviada por Fidel cobró el impuesto de guerra a latifundistas y ganaderos en las tierras avileñas, misión en la que participaron varias mujeres de la Resistencia de Ciego de Ávila, entre ellas la propietaria de la casa.

Además, el inmueble devino refugio seguro —acorde al testimonio de María Luisa al autor, en 1988— de revolucionarios vinculados al asalto al carro celular en la ciudad de Camagüey; y desde el mismo se contribuyó a la ayuda de la Resistencia Cívica a la columna del Che a su paso por el sur del territorio avileño.

Fidel y sus acompañantes almorzaron. El Comandante en Jefe realizó varias llamadas telefónicas a otras ciudades para informarse de lo que acontecía e impartir orientaciones. También, la dueña facilitó un tanque de 55 galones lleno de gasolina, el que se llevaron en un jeep.

La vivienda situada en Cuba 108, testigo mudo de la histórica estancia del máximo líder de nuestra Revolución y del paso de la Caravana de la Libertad por la ciudad de Ciego de Ávila, clama por un mayor protagonismo, a la altura de su historia.

 

INOLVIDABLE VISITA A ÁREAS CITRÍCOLAS DE CEBALLOS

Por Héctor Paz Alomar, con foto del autor (Tomado de Invasor)

Inolvidable visita

Ahora no recuerda la fecha exacta. Ubica el inesperado encuentro entre diciembre de 1963 y enero del '64, “porque las plantas se encontraban tristonas y estaba llegando el momento de darles el golpe de agua”.

Mi interlocutor ya cumplió ocho décadas de vida. Entonces era un joven de 25 años que se desempeñaba en el frente de Aseguramiento en la granja Mariana Grajales, de Ceballos, génesis de la actual Empresa Citrícola de Ciego de Ávila.

Carlos Pérez Ruiz le dedicó 43 años a esa rama agrícola. Ante la interrogante, dirige la mirada a un punto fijo de la habitación. Por su mente pasan, vívidas, las imágenes y los recuerdos.

“Yo tenía que ir al otro día a Camagüey a realizar algunas compras de recursos e insumos, y necesitaba que el administrador de la granja, Juan Delgado Perera, firmara las órdenes. Al indagar por él, su esposa me informó que no estaba.

“Entonces veo que por la callecita cercana a la vivienda comienzan a entrar unos carros. Y le dije a la compañera: Mire para allí, en el tercer vehículo, me parece que es Fidel.

“Oiga, qué sorpresa. Efectivamente, era el Comandante en Jefe, y con él, un grupo de compañeros, entre estos, José Pepe Botello, secretario del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) en Ciego de Ávila.”

Narra Carlos que Botello, quien lo conocía, le presentó a Fidel, y le dijo: “Mira Carlos, el Comandante quiere ver los cítricos.  Me dio la mano y conversamos un instante. Yo no salía de la sorpresa. Allí no había casi nadie, entonces Fidel arranca a caminar por una guardarraya que conducía a las plantaciones más próximas.

“En eso el Líder de la Revolución me pregunta sobre los años que podrían tener las plantas que nos rodeaban, Bueno Fidel, yo escucho decir a las personas más viejas de aquí que esas matas pueden tener alrededor de 60 y 70 años. Al oír la cifra, exclamó: ¡Tantos!”

Apunta Carlos que a la par del recorrido, Fidel continuaba interesándose por infinidad de detalles acerca del cultivo de los cítricos. “Por suerte para mí, se incorporó Alberto González Zubeldía, jefe de la zona, con mayor experiencia que yo. Se bajó del caballo, saludó al Comandante y comenzaron a intercambiar.”

Pérez Ruiz recuerda la primera pregunta que Fidel le hizo al jefe de zona: “Venga acá —indagó— ¿qué hacen ustedes aquí para que las plantas florezcan tan bien?”. “Nosotros —le respondió González Zubeldía—las dejamos 'churrar´ un poco y cuando están tristes, le echamos el agua de golpe. Después comienzan a reverdecer y así florecen parejito y rinden más. Entonces Fidel le contesta: “¡Ustedes están locos! Eso no es así. Los árboles tienen que florecer por su propio peso.” “Sí, Comandante —le contesta Alberto—, qué pasa: sí florecen; yo no digo que no, pero no lo hacen parejo.”

Carlos recuerda que sobre ese tema hablaron algo más. Entonces el Comandante pidió a uno de los ayudantes que le trajera el libro que venía leyendo por el camino; lo hojeó, encontró lo que buscaba y explicó que el autor, un especialista en el tema, afirmaba que las plantas debía florecer por su propio peso.”

Añade al testimonio que Fidel, en un momento del recorrido, se detuvo frente a una planta cargada de hermosas naranjas, cogió una y a mano limpia la peló, abrió y degustó la calidad del jugo.

Aseveró, que en otro instante, el Líder de la Revolución detuvo el andar y se sentó en un tronco. “Todos nos sentamos a su alrededor. Él cogió un palito, limpió de hojas un pedazo de tierra, y comenzó a esbozar un pequeño mapa o croquis. Señalando con el improvisado puntero dijo, en una especie de reflexión que avizoraba el futuro, que allí había que sembrar por lo menos 2 000 caballerías de cítricos. También se refirió a las buenas condiciones que presentaban las plantaciones.

La narración está a punto de finalizar. Le pido a Carlos diga cuánto significó para él aquel encuentro fortuito. “Ya han pasado muchos años. Yo solo lo había visto por la televisión y de pronto, tenerlo así delante de uno, hablar con él, responder a sus preguntas, verlo sonreír e irradiar confianza en el futuro. Claro que me puse nervioso. Creo que aún estoy sorprendido.

“Lo recuerdo alto, fuerte, gesticulando mucho con sus manos al hablar; él se veía muy contento al ver el estado de las plantaciones. Su visita, de una hora aproximadamente, fue inolvidable.”


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