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    ¿Cómo surgimos?

    El Arquitecto de la Comunidad, fue creado por una decisión Gubernamental, según consta en documento emitido con fecha 12 de abril de 1994, firmado por los Ministros de la Construcción, Industria de Materiales de la Construcción, Presidente del Instituto Nacional de la Vivienda (INV), Instituto de Planificación Física (IPF), la Unión de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC), Vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Secretario Ejecutivo del Frente de Proyectos, y Jesús Montané Oropesa, Ayudante del Comandante en Jefe. Donde se responsabilizó al INV como organismo rector y promotor para el desarrollo del Programa del Arquitecto de la Comunidad y en el que los Ministros y Jefes de Organismos estuvieron de acuerdo en facilitar la integración de cualquier profesional al programa.

    Se creó como un Programa Nacional de interés social integrado por profesionales y técnicos de la construcción para brindar a la población una gama amplia de servicios técnicos y de proyectos destinados a la construcción, conservación, rehabilitación y mejoramiento funcional y físico-ambiental de sus viviendas, tomando en consideración además, el entorno urbano, el uso racional del suelo; el empleo de materiales locales y alternativos; empleando para estos fines el "Método Participativo" creado por el arquitecto argentino Rodolfo Livingston.

    Historia

    El Arquitecto de la Comunidad tuvo su primera aparición en la Ciudad de Holguín a inicios de 1994 como uno de los programas de HABITAT-CUBA. Más tarde con la visión y apoyo del Comandante Jesús Montané Oropesa cobró simpatía y aceptación de muchos otros profesionales y Gobiernos extendiéndose a todo el país. Esta experiencia fue seleccionada como una de las 40 Mejores Prácticas a nivel mundial, en el primer concurso de este tipo, celebrado con vistas a la Conferencia HABITAT II - "Cumbre de las ciudades", convocado por el Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (CNUAH) en Estambul en 1996. En ese momento la experiencia se extendía a solo la mitad de los municipios cubanos.